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Nuevas tecnologías

Tipografías: el valor de las fuentes en el diseño

El poder de un tipo de letra es tan grande, que con solo cambiar la fuente a un texto, podemos dar un significado o sentido totalmente diferente a las palabras. Un buen diseñador tiene que tener claro que una fuente elegida para un diseño web o diseño gráfico tiene que ser acorde con el mensaje que se quiere transmitir. Sencillez, elegancia, seriedad, romanticismo, importancia y otros atributos se transmiten al cerebro del lector sólo con la forma que tienen las letras que forman las palabras.

 

Las fuentes tienen una gran importancia como herramienta de comunicación. Cuando Steve Jobs empezó a trabajar en los sistemas operativos visuales, lo primero que compró fue una patente para poder usar diferentes tipografías en su sistema operativo, por que sabía de la importancia que el tratamiento de textos iba a tener.

 

Nuestro cerebro interpreta la forma de las letras al leer como si fuese el tono de voz de quien lee el discurso, así lo entiende de una manera o de otra. El diseño gráfico, es un transmisor de información e ideas, tanto a nivel gráfico (colores, formas, etc) como en el uso del texto, para lo cual es fundamental darle importancia los diferentes tipos de letra que utilizamos en los diseños. El texto no sólo transmite información como texto puro, sino que su colocación, tamaño, color, forma, etc sirve para aclarar y enriquecer el discurso más allá de las mismas palabras.

 

La tipografía es tan importante en el diseño como las imágenes mismas. Las tipografías deben ser escogidas para no confundir el mensaje que se quiere transmitir. Un ejemplo del valor de la forma de una letra al transmitir un mensaje lo tenemos con Walt Disney, cuya misma firma ya tenía la forma de un dibujo animado. Puedes ver la fuente que simula esta escritura aquí. Y aquí mas tipos de letra de Disney y fuentes de dibujos animados. La forma de las letras nos potencia el mensaje que se quiere transmitir.
Las letras tienen que ser legibles, salvo cuando no tienen que serlo. Un mensaje puede contener letras pero no buscar ser leído y entendido, sino buscar la fuerza de la imagen, como ocurre con los grafitis. Aquí la forma de la letra se deforma hasta ser ilegible, pero aquí la palabra sólo es un elemento más que completa la imagen, no refuerza el mensaje.
Cuando trabajamos un diseño tenemos que tener siempre muy en cuenta el texto que vamos a utilizar para el mensaje, el peso que tiene el texto en la imagen general y en la información que queremos transmitir. Elegir una letra pensando en todos estos elementos, no sólo que resulte estéticamente bonita, sino que sea un potenciador del mensaje que queremos transmitir.
Recursos utilizados:
Dibujos de letras para colorear (www.dibujosparacolorearmania.com)
Letras animadas (www.gifmania.com)
Letras de Halloween (www.halloween.com.es)

De inmigrantes a nativos (digitales)

[one_half]Bloqueo ante las redes sociales[/one_half]
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A estas alturas de partido, ya nadie duda de que estamos en un año apocalíptico. Nos lo dijeron los Mayas y cada día nos lo recuerdan los periódicos, las noticias de la tele y esos apasionados tertulianos radiofónicos de voz aterciopelada.

Lo que está claro es que nos han asustado. Y el miedo nos bloquea. Nos pone a la defensiva en cada uno de los aspectos de la vida, un mecanismo de seguridad, por si acaso.

Y en este contexto de pánico universal la sociedad sale perdiendo, pero el individuo lo hace todavía más.

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Desde nuestros ancestros hasta el día de hoy, los seres humanos nos hemos desarrollado gracias a las relaciones con otros individuos. No hay que echar la vista atrás para saber que la riqueza del día a día reside en saludar a un vecino en el ascensor, recibir una sonrisa del panadero o panadera cuando compramos el pan y la prensa o sentirnos cómplices del carnicero porque nos ha reservado la mejor parte de la cadera de la vaca.

Es una cuestión de confianza, de amistad, de interés por el de enfrente. No hay sentimiento más reconfortante que ofrecer una sonrisa a cambio de nada. Y si abrimos los ojos y miramos alrededor, nos daremos cuenta de las lecciones de humanidad que nos dan muchas de las personas que ni siquiera vemos.

Pues bien, ante nosotros se abre un nuevo paradigma relacional en el que los protagonistas son nuestros hijos. Los nuevos nativos digitales, esos que se mueven como peces en el agua delante de un teclado y un ratón. Aquellos que cometen cinco faltas de ortografía en un mensaje de WhatsApp pero gestionan su presencia en diez redes sociales simultáneamente como si nada.

Les llamamos nativos digitales porque nosotros somos los inmigrantes. Somos los que aprendimos caligrafía con cuadernos Rubio, aprendimos a dibujar sombreados con pinturas Plastidecor y apurabamos los domingos por la noche para terminar los deberes con la ayuda de nuestros padres, aunque eso nos supusiese una buena bronca. Ahora suman con calculadora y utilizan iPads para dibujar.

Cuadernos Rubio

Es un nuevo escenario, sin duda. Lo que no sé es con cual quedarme. El tiempo lo dirá. Y como los nativos tendrán su momento, volvamos a los inmigrantes digitales.

A todos los que estamos leyendo esta revista. A los que nos sentimos abrumados cada vez que nos hablan de una nueva red social en la que tenemos que estar “sí o sí”. Incluso los que cada día trabajamos con todos los sentidos puestos en Internet para conocer y desmigar las nuevas plataformas sociales tenemos la abrumadora sensación de que el alud de información nos engulle de manera voraz.

Mi humilde consejo:

Combinad de manera sensata ambos mundos, complementadlos con las cantidades justas. Igual que se combina un GinTonic. Si te pasas, no se puede tomar.

En Internet, tres cuartos de lo mismo. Se puede tener presencia en Facebook, Twitter, YouTube, Linkedin…y seguir disfrutando de charlar con los amigos en la sociedad o abrazar a nuestro colega de asiento cuando nuestro equipo marca un gol. Esto que parece una obviedad, a veces, se nos olvida.

La pregunta es: podrán nuestros hijos olvidar algo que no han vivido? La respuesta está en nosotros. Y como siempre me gusta terminar los artículos con una nota positiva, os remito a esa gran verdad que he escuchado últimamente en una canción: todos los días sale el sol, chipirón.

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Artículo extraído de la sección BocaBITS tecnológicos de The Zuatzu New Berri